Reseña de “La Sunamita”, de Inés Arredondo

Reseña de “La Sunamita”, de Inés Arredondo

“La Sunamita”, un cuento escrito por Inés Amelia Camelo Arredondo, una escritora mexicana muy reconocida, nacida en Culiacán, Sinaloa. En este cuento nos relata un suceso que impacta la vida de nuestra protagonista “luisa”, su tío moribundo estaba a punto de morir y la necesitaba, con esto y el transcurso de la historia la vida de nuestra protagonista cambia para peor. En este cuento nos buscan representar problemas sociales-culturales en México, como la desigualdad, la presión social a la que son sometidas las mujeres solo para bienes materiales, el acoso y abuso sexual, abuso de poder, violencia verbal escondida en palabras de afirmación, entre otros. E Inés nos lo transmite con simbología abstracta y cambios drásticos en la esencia de nuestro personaje principal.

 

“La Sunamita” es de los cuentos más famosos de Inés Arredondo, publicado en 1967 perteneciente a su primer libro “la señal” (1967) y “Los espejos” (1988), en los cuales podemos encontrar otros cuentos como “Wanda”, “Lo que no se comprende”, “los hermanos”, “Opus 123”, y “Sahara”. Logro captar que al igual que en “La Sunamita” se toca temas como la muerte, el castigo social y religioso, rencor familiar, tales referencias como las que se nos presentan en “La Sunamita”. El nombre de esta obra simboliza un personaje en la biblia llamada Abisag, que quiere decir “Diosa del fuego” según la biblia quiere decir “extremadamente hermosa” tal y como la rosa. Inés usa un patrón de Instantes materiales, simbolizando la idea principal de la trama de cada cuento, haciendo apariciones religiosas o completamente sacadas del contexto que creemos seguir a lo largo de la historia, cuando en realidad nos explican todo, En “La Sunamita” nos introducen tal símbolo relatando:

 

“Abrí los ojos: todo estaba igual. No. Lejos, en la sombra, hay una rosa; sola, única y viva. Está ahí, recortada, nítida, con sus pétalos carnosos y leves, resplandeciente. Es una presencia hermosa y simple. La miro y mi mano se mueve y recuerda su contacto y la acción sencilla de ponerla en el vaso. La miré entonces, ahora la conozco. Me muevo un poco, parpadeo, y ella sigue ahí, plena, igual a sí misma.

 

Respiro libremente, con mi propia respiración. Rezo, recuerdo, dormito, y la rosa intacta monta la guardia de la luz y del secreto. La muerte y la esperanza se transforman.”

 

Puedo describir este símbolo como la aceptación a la condena y cambio de roles al que se sometió Luisa con su tío Apolonio, como recita Luisa al inicio del cuento “Aquel fue un verano abrasador. El ultimo de mi juventud” refiriendo que ahora era un alma vieja, una alma muerta, y la rosa es solo la antigua perspectiva que tenia de ella misma, ya que al amanecer la rosa se abra desvanecido, abra aceptado su denigrante destino, ¿Cómo es posible que Luisa no la hallan presentado como una joven alegre, llena de esperanza, consciente de su entorno pero no de su realidad, y terminara siendo un lazo atado a la conciencia podrida de don Apolonio?, ella percibe la rabia de ver como afuera en la ciudad todo seguía como siempre a excepción de ella, un grito de ayuda no alarmaría a nadie.

 

Al igual, al ser de la ciudad en la que se desarrolla este cuento, es fácil reflejarse con el ambiente que describe, pero independiente del lugar donde se lean sus obras, la bella descripción y sencillo empeño que tiene cada acción de nuestros personajes, Inés vuelve sencillo de comprender y disfrutar su lectura, desde mi perspectiva sus obras no solo se pueden describir como fantásticas, si no también como realistas.

 

 

Por Gabriela Castillo Raygoza

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